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De la Agenda a la Acción

Por Maurice Strong

Muchas organizaciones e individuos están comprometidos con el objetivo del desarrollo sostenible, lanzado durante la Cumbre de la Tierra (Río de Janeiro, 1992). Alrededor del globo hay personas concientes de la necesidad de encontrar maneras innovadoras de reducir la contaminación y utilizar nuestros recursos naturales más inteligentemente.

Pero, aunque se registra un considerable progreso, en particular a nivel local, todavía muchos gobiernos, compañías, instituciones, comunidades y ciudadanos no han emprendido los cambios necesarios para avanzar hacia el desarrollo sostenible.

Por ello, se emprendió a mediados de marzo de 1997, la campaña y el foro Río+5 en Río de Janeiro, Brasil, coordinados por el Consejo de la Tierra, junto con un grupo ampliamente representativo de otras organizaciones de la sociedad civil y un comité brasileño "anfitrión".

Organización internacional no gubernamental con sede en San José, Costa Rica, el Consejo de la Tierra se formó como resultado de la Cumbre de Río para promover la implementación mundial de los acuerdos establecidos allí.

El objetivo clave de Río+5 fue forjar nuevas alianzas y echar a andar iniciativas para movilizar los compromisos de Río. Se propuso desarrollar recomendaciones para la conducción regional y global del desarrollo sostenible, que se presentaron ante la Comisión de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible en abril y en la subsecuente Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas en junio de 1997.

Río+5 también buscó establecer valores operacionales para una próxima Carta de la Tierra, que debería ser remitida a la Asamblea General de las Onu antes del año 2000.

De manera similar miles de organizaciones no gubernamentales participaron en la Cumbre de los Pueblos, el Foro Global, durante la Cumbre de la Tierra de las Naciones Unidas en 1992.

Todas las organizaciones que tomaron parte en este esfuerzo comparten la preocupación fundamental de que el mundo no ha logrado suficiente progreso en cuanto a la propuesta de Río: una economía ambientalmente sostenible y socialmente equitativa.

Cinco años es –hay que reconocerlo– un período muy corto como para emitir un juicio final sobre el impacto de la Cumbre de la Tierra. Aunque ha habido cierta "recaída", hay también signos de esperanza.

Por ejemplo, cinco años después, 103 gobiernos han establecido instituciones nacionales responsables de la integración de los conceptos de desarrollo sostenible en la legislación y política domésticas. Los programas locales de la Agenda 21 existen ahora en casi mil 600 ciudades y pueblos en todo el mundo.

Sin embargo, las fuerzas demográficas, sociales y económicas que impulsan el desarrollo no sostenible todavía son dominantes. El enfoque convencional sobre el desarrollo ha sido altamente exitoso en expander la actividad económica, pero no es la panacea para toda la población mundial. No ha logrado reducir las diferencias en el ingreso o satisfacer las necesidades básicas de los más pobres del mundo, que suman mil millones de personas.

Cambiar, de modo real, la vida de estas personas requiere un compromiso revitalizado con la Agenda 21 y la Cumbre de la Tierra, un reto formidable, sí, pero todavía posible.

Si podemos comenzar a enfocar nuestros esfuerzos colectivos en la próxima fase de trabajo –"operacionalizar" el desarrollo sostenible, particularmente a nivel de la sociedad civil– podríamos visualizar un mundo muy diferente sólo 10 años a partir de ahora.

Lograr esta visión requerirá el desarrollo y fortalecimiento de indicadores, herramientas, políticas operacionales, prácticas comerciales, arreglos institucionales y compromisos públicos. Afortunadamente, no tenemos que comenzar de cero. Muchas de las semillas sembradas en Río ya han dado fruto.

* El autor es canadiense, coordinador ejecutivo para la reforma de Naciones Unidas.

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